Agosto242012
Agosto232012
12PM
12PM
12PM
Agosto92012
Agosto82012
jaidefinichon:

Bacan!!! Carabineros de Chile ahora permite al encapuchado detenido irse delante y hablar por celular :D

jaidefinichon:

Bacan!!! Carabineros de Chile ahora permite al encapuchado detenido irse delante y hablar por celular :D

Agosto72012
gomezmillano:

CON O SIN PERMISO, MARCHAS IGUAL DESDE PLAZA ITALIA HASTA LOS HEROES!
¿O es muy ultra lo que estoy diciendo?

gomezmillano:

CON O SIN PERMISO, MARCHAS IGUAL DESDE PLAZA ITALIA HASTA LOS HEROES!

¿O es muy ultra lo que estoy diciendo?

(vía porlasbarbasdeclotario)

Agosto62012
3PM
Ella era una chica indie. 
Ella era una chica  indie. Y parecía que nunca me 
necesitaba. Que para todo se las arreglaba sola y sin el menor 
grado de urgencia asociativa. Una de esas mujeres que se 
compraron de una sola vez el rollo de la posmodernidad 
literaria de Paul Auster, de la posizquierda con tendencia al 
neoliberalismo, del feminismo separatista, de la Sheila Jeffreys, 
y hasta de la Nelly Richard y la huevá. De los vestidos verdes 
y los aros de plástico eléctrico y de todo lo proveniente de 
Euromoda, del mercado persa y de la feria de las pulgas. De 
los inciensos de la India, la comida rara preparada por gente 
que habla un español más raro que lo que prepara, del tarot 
por luca en la plaza, del cultivo in door e hidropónico, de los 
hongos, las sesiones de yoga por dos semanas de inconstancia, 
de las noches de sábado en discotecas ínfimas y exclusivas y 
del iPod el resto de la semana.
Lo usaba con unos audífonos gigantescos que 
encontró botados en la casa de una tía del sur, probablemente 
adquiridos por esta a mediados de los ochenta para escuchar 
cosas como “Filo Contigo” de Miguelo o el casete Buscando 
Petróleo  de Engrupo, pero jamás para que Robert Smith o 
Ian Curtis pasaran una sola onda por aquellas concavidades 
forradas de esponja, como imaginaba ella en sus reflexiones 
imposibles. 
(hacer click en la imagen para continuar leyendo)

Ella era una chica indie. 

Ella era una chica  indie. Y parecía que nunca me 

necesitaba. Que para todo se las arreglaba sola y sin el menor 

grado de urgencia asociativa. Una de esas mujeres que se 

compraron de una sola vez el rollo de la posmodernidad 

literaria de Paul Auster, de la posizquierda con tendencia al 

neoliberalismo, del feminismo separatista, de la Sheila Jeffreys, 

y hasta de la Nelly Richard y la huevá. De los vestidos verdes 

y los aros de plástico eléctrico y de todo lo proveniente de 

Euromoda, del mercado persa y de la feria de las pulgas. De 

los inciensos de la India, la comida rara preparada por gente 

que habla un español más raro que lo que prepara, del tarot 

por luca en la plaza, del cultivo in door e hidropónico, de los 

hongos, las sesiones de yoga por dos semanas de inconstancia, 

de las noches de sábado en discotecas ínfimas y exclusivas y 

del iPod el resto de la semana.

Lo usaba con unos audífonos gigantescos que 

encontró botados en la casa de una tía del sur, probablemente 

adquiridos por esta a mediados de los ochenta para escuchar 

cosas como “Filo Contigo” de Miguelo o el casete Buscando 

Petróleo  de Engrupo, pero jamás para que Robert Smith o 

Ian Curtis pasaran una sola onda por aquellas concavidades 

forradas de esponja, como imaginaba ella en sus reflexiones 

imposibles. 

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